EL SHINTOÍSMO


Surgido en los albores de la historia japonesa, el shintoísmo es una religión arcaica que venera a los kami, divinidades de la naturaleza, de los antepasados y de niveles superiores de existencia. Si bien no tiene fundador, ni escrituras ni un dogma fijo, ha impregnado la vida de los japoneses influyendo en su cosmovisión, valores, ritos, estética y comportamiento.

No solo carece de fundador: tampoco tiene textos sagrados que dicten su dogma o código moral. Su origen está perdido en el pasado remoto de los aborígenes de las islas japonesas, y su comprensión es difícil para el occidental porque tiene una mezcla de elementos religiosos y otros de diversa índole.
Shinto significa "Vía de los Kami". La característica más distintiva de la religión es la convicción de que los dioses (kami), el hombre y la totalidad de la naturaleza tienen el mismo origen divino, por lo tanto pertenecen a la misma familia. Esta convicción ha moldeado la experiencia y cosmovisión japonesa, que se distingue por sentir respeto y parentesco con todo lo que existe, tener una conciencia de continuidad ininterrumpida, un alto sentido del deber además de seguridad y confianza, cualidades que posteriormente fueron acentuadas por la influencia budista y confucianista.
Actualmente constituye el segundo credo con mayor número de fieles de Japón (con cerca de 67 millones)  después del budismo japonés. Como no pretende convertir, criticar ni entrar en conflicto con otras religiones, su expansión fuera de las islas de Japón ha quedado limitada generalmente a las comunidades niponas de la emigración.

Una religión particular
El shintoísmo es la expresión, decantada a través de siglos, de una religiosidad natural, con las lógicas evoluciones y añadiduras en su formulación, ritos, etc.
Ha tenido un papel importante no solo en lo referente a las actividades religiosas, sino también en cuanto a la postura frente a los problemas de la vida, tanto de tipo privado o público. Al surgir junto a Japón ha teñido todos los aspectos de la experiencia del país, condicionando sus respuestas ante la existencia, la muerte, la vida comunitaria, la organización social, la ideología política, las festividades y la estética. Es una forma de practicar valores y actitudes hacia los ritos, los antepasados y hacia la naturaleza, a los que consideran sagrados.


BREVE HISTORIA
El shintoísmo es considerado una religión primitiva, propia de las culturas de la más remota antigüedad, con la peculiaridad de que ha permanecido, incluso con carácter oficial y legal, en un pueblo moderno como el japonés. Sus orígenes se remontan a la Edad Antigua, cuando todavía era un culto a los fenómenos naturales -las tormentas, las montañas, el Sol, la Luna o los ríos-, que los japoneses identificaban con unas deidades llamadas kami.
En un principio, el shintoísmo no tenía nombre. Cuando el confucianismo y sobre todo el budismo (llamado buppó, «ley de Buda», o butsudó, «la vía de Buda») se introdujeron en el siglo VI y comenzaron a difundirse en Japón, se llamó shintó a la religiosidad tradicional, para diferenciarla de aquellas. Literalmente significa «camino (tó) de los dioses (shin)». Los japoneses eligieron un nombre chino para su religión porque en ese tiempo (hace más de un milenio), era la única lengua que tenía escritura en Japón, que no había desarrollado aún la escritura en su propio idioma. La frase que significa Shinto en japonés es Kami no michi.
La primera vez que aparece la palabra shintó para designar la religión original de los japoneses es en el Nihongi o Nihonshoki (anales japoneses terminados en el 720 d.C.). Por ejemplo, en la crónica del emperador Yó-mei (519-687) no se la designaba con un nombre especial.
Desde finales de siglo XIX  hasta la Segunda Guerra Mundial, el shintoísmo fue considerado la religión nacional de Japón, y el emperador como un kami. Esta tendencia comenzó a principios de los siglos XVIII, cuando el shintoísmo se convirtió en el eje de un movimiento nacionalista, el Movimiento del Aprendizaje Nacional, que pretendía definir las características distintivas de la cultura japonesa frente a las de China y Occidente a través de las virtudes sintoístas de la sencillez y la pureza de espíritu. Así, fue utilizado como ideología legitimadora de la fase militar de la historia japonesa reciente y designada religión del Estado hasta 1945. Durante la ocupación de posguerra fue despojado de sus contenidos políticos, y a partir de entonces los templos han recuperado su papel como centros de festividades comunitarias y ritos familiares.


LOS TEXTOS SHINTOÍSTAS
Como vimos antes, el shintoísmo surgió como una religión más dirigida hacia la práctica que hacia la formación de un conjunto de credos. No tiene un libro sagrado propiamente dicho, pero existe un cuerpo importante de literatura sobre su dogma que se llama Shinten. Aun así, estos textos no se consideran sagrados en el sentido de revelación o de sobrenatural.
Entre esos textos se puede citar el Kojíki (La narración de las cosas antiguas) fechado en el 712 d.C., que describe la historia de la Tierra hasta el año 628 según las tradiciones japonesas. Otro texto venerado es el Nihongi (Crónicas o anales del Japón) del año 720 d.C., escrito en chino y dos veces más voluminoso que el Kojiki.
También hay otros textos de leyes, comentarios, leyendas, historias, literatura, oráculos y enseñanzas. Uno de los más interesantes se llama Norito, que son las palabras mágicas, las salmodias sagradas y oraciones a los dioses del shintoísmo. Estas fórmulas rituales son todavía en gran parte secretas y muy antiguas. Ciertos autores las fechan en el siglo I a.C. y están contenidas en una sección del Engishiki, compilación de las reglas del siglo X d.C.


LOS KAMI
Para comprender el shintoísmo es esencial abordar el concepto del kami, o shinmei, que está en su base. La veneración a los kami, divinidades o espíritus poderosos, está en la esencia misma de la religión. Según algunos escritores japoneses, los kami simbolizan e individualizan las fuerzas vitales que animan el universo. Son, a la vez, fuentes de la vida humana y de la vida de toda la naturaleza, de todo el cosmos. Kami tiene un significado polivalente: se traduce por dioses, pero tiene también se refiere a algo superior, a una potencia sobrehumana, a una entidad sagrada.
Por otra parte, el concepto de kami es a veces impreciso; el mismo kami tiene nombres distintos y, al contrario, un solo nombre puede designar a varios kami.
Los kami no son ni omnipotentes ni omniscientes; cada uno dispone de ciertos poderes sobrehumanos llamados shintoku. Si bien son invisibles, ejercen su influencia sobre el universo y se les debe ofrecer culto. La principal práctica del shintoísmo consiste en adorarlos, aplacar su ira o simplemente establecer una cierta relación con ellos. Residen en objetos naturales o en otros hechos por el hombre: montaña, árbol, animal, roca, relámpago, espada, espejo. Este último es soporte material del kami, potencia invisible, oculta, sagrada que reside en él.
El número de los kami es infinito. Todo lo que tiene un carácter extraño, eminente, peligroso o mágico es kami: los emperadores, los hombres potentes, ilustres, los genios humanos excepcionales, los grandes guerreros, todos llegan a ser kami después de su muerte.


El panteón shinto
Antes de la llegada del budismo en el siglo VI, el shintoísmo no tenía representaciones artísticas o literarias de sus variados mitos y creencias, de modo que no contaba con un panteón definido. Los kami eran innumerables y universales, dado que cualquier persona -viva o muerta-, lugar y objeto de cualidades numinosas o trascendentales podían llegar a ser considerados como tales.
Distintas influencias contribuyeron al desarrollo de un panteón shinto. Por ejemplo, el budismo Mahayana ofrecía, con su ordenación del cosmos, un rico modelo de representación literaria y artística.
La ideología presente en los mitos de los Kojiki y Nihon Shoki sugiere una clasificación de los kami Shinto que tiende a establecer un nexo directo entre la diosa del Sol y los gobernantes Yamato. Además, la edificación de santuarios contribuía al enriquecimiento del incipiente panteón.
En el shintoísmo hay una división clásica entre los kami celestes, Ama-tsu-kami, y los kami terrestres, Kuni-tsu-kami. Las interpretaciones actuales afirman que los kami terrestres conservan la Tierra en su estado actual y la protegen contra las influencias hostiles, y los kami celestes traen a la tierra las influencias divinas.
Se han intentado varias clasificaciones de los kami. Una les divide en cuatro clases: los kami de la Tierra - los dioses y los hombres ilustres- y los kami del universo. Su lugar de residencia es Takama-no-hara, la alta llanura del Cielo; es el mundo invisible (kakuri-yo), es el mundo de la paz. También existen kami malvados, inferiores, demoniacos (ashiki-Kami) que son espíritus de apariencia terrorífica, con cuerpo semi-humano y grandes poderes.


Mitología: el origen de los Kami

Según el Kojiki, la jerarquía de los dioses y seres superiores es la siguiente, de acuerdo con el orden de creación del universo:
En primer lugar está el kami dueño del centro del cielo, Ame-no-minaka-nushi-no-kami. Es el Dios supremo, sin padre ni madre, mujer o hijos, y no tiene mitología ni culto ritual organizado.
Después aparece la dualidad primordial de la creación que recuerda al yin y al yang del taoísmo o al Shiva-Shakti del hinduismo: los kami que representan los aspectos masculino y femenino de la creación.
A estos le siguen la pareja de los kami creadores de la Tierra y de todo lo que contiene, incluyendo los otros kami: el dios Izanagi-no-mikoto y la diosa Izanamino-mikoto. Entre sus numerosos hijos podemos citar a los kami del viento, del mar, de las montañas y del fuego, cuyo nacimiento provocó la muerte de su madre, Izanami. De su cadáver nació el kami del agua. Izanagi intentó reunirse con su mujer en los infiernos, pero no lo logró y, al quedar impuro por este viaje, tuvo que purificarse.
De las purificaciones nacieron muchos kami, entre los cuales hay dos muy especializados que tienen un papel importante en el culto del shintoísmo: Amaterasu-ó-mikami, la diosa del sol -que actualmente ocupa el primer puesto en el panteón del shintoísmo-, y su hermano Susano-wo-no-mikoto. La lucha entre ellos abarca gran parte de la mitología de la religión.


Hermandad de la Tierra y el Cielo

Susano-wo fue encargado por su padre de gobernar la Tierra, mientras que su hermana, la diosa del sol, dirigía el cielo. Susano-wo buscó a su hermana, de quien estaba enamorado, y lo hizo con tanto empeño que ella tuvo que esconderse en una caverna, de donde los otros Kami tuvieron muchas dificultades para sacarla. Vuelto a la Tierra, Susano-wo tuvo muchos hijos, algunos de los cuales tienen numerosos santuarios: p. ej., el kami de la agricultura, de la alimentación, etc. Por fin, y después de la pacificación de la Tierra, los Kami celestes pudieron bajar y tomar posesión de ella.
A su cabeza estuvo el príncipe Ninigi, nieto de Amaterasu, la diosa del sol; una de las dos esposas del príncipe se llamaba Kono-hana-saku-ya-hime, que llegó a ser la diosa del monte Fujiyama, el más sagrado del Japón. Uno de sus hijos se casó con una hija del kami del mar. La hermana de esa hija, Tama-yorihime, tuvo un hijo, Jimmu-tennó, que fue el primer emperador terrestre del Japón.

Los kami humanos
Empieza entonces la larga lista de los kami «históricos»: emperadores, hombres ilustres, de grandes virtudes y devoción a la patria. Son también kami las familias importantes y las personas de valor extraordinario que merecen este homenaje popular. Los grandes soldados muertos por la defensa del Japón son kami, y son adorados en el templo shintó Yasukuni-jinja de Tokio, que recuerda la memoria de todos los japoneses muertos durante las guerras.

La deificación de los emperadores
La deificación imperial, una de las características de la cultura japonesa, puede resumirse así: el emperador era una especie de Ser Supremo, o su representante en el cosmos, del cual todo emana y en quien todo queda. Descendía directamente de la diosa del sol por su nieto, el príncipe Ninigi, encargado de reinar sobre «la rica llanura de las hermosas espigas frescas de arroz», lo que justificaba su autoridad temporal y espiritual.
Los japoneses consideran que, desde hace 2.600 años, por las venas de los emperadores corre la sangre de la diosa del sol, a través de una línea ininterrumpida y exclusiva de emperadores que recibieron las tres insignias del poder y ocuparon el trono. El emperador era hijo del cielo (Ten-shin). Simbolizaba la divinidad en forma humana (Aki-tsu-mi-kami), la potencia sagrada que hace claro y transparente lo que es oscuro y turbio. Era Tennó, el Soberano celestial y como tal se le consideró como un kami viviente, venerado y amado por su pueblo. Eso explica el complicado ritual religioso que se seguía en el acceso al trono de un nuevo emperador, con ritos de purificación, entrega de las tres insignias del poder (shinki), y comida del arroz con su antepasado (el daijó-sai). Una de las tareas imperiales se llamaba iku-kuni - taru-kuni, es decir, desarrollar el país, su vitalidad, sus riquezas materiales y espirituales.


El “último” emperador
En 1945, los norteamericanos obligaron a Hirohita, el emperador de Japón, a firmar una declaración en la cual declaraba que no era divino. Es difícil saber si esta decisión política ha tenido efectos religiosos en el pueblo. Si bien ocasionó un impacto muy fuerte en la nación, no cambió los conceptos arraigados en la cultura japonesa desde hacía millares de años. Tampoco parece haber afectado al shintoísmo como tal, aunque exteriormente se suprimió todo culto al emperador.
Desde el punto de vista histórico, la concentración del poder del emperador se dio a partir del siglo VII. Hasta entonces, había estado más repartido entre los jefes de cada sippe, conjunto de familias descendientes de un mismo antepasado. Actualmente, el culto al emperador tiene mucho de aceptación y reconocimiento de la autoridad, síntesis del culto y veneración también dados a los jefes de las sippes y a los antepasados, a los que en ocasiones se los consideró divinos, a veces en vida pero sobre todo después de su muerte.


LA DOCTRINA SHINTÓ

1. El ser humano.
Los seres humanos, como hijos de kami, tienen ante todo una naturaleza divina. Por consiguiente, de lo que se trata es de vivir en armonía con la divinidad interior y así uno podrá disfrutar de su protección y aprobación de los kami.
En el hombre hay algo que sobrevive a la muerte del cuerpo y que es eterno; es el tama o mitama, su parte esencial. En las guerras y en las relaciones humanas, el tama tiene un papel tan importante como el cuerpo. Esto se manifiesta en el aspecto extraño y misterioso que a veces tienen algunos elementos de las luchas japoneses, como el judo y el sumó. Todas las entidades animales, vegetales y minerales tienen su propio tama. Por tal razón, un árbol o una roca pueden considerarse como kami y venerarse en consecuencia.


Dentro del tama del hombre hay cuatro funciones:

• aramitama, poder destructor de lo que es malo;
• nigi-mitama, que es apacible, dulce, la paz armoniosa, la esencia de las cosas;
• salo-mitama es lo que le hace a uno feliz, lo que da el amor puro, lo que confiere las bendiciones;
• kushi-mitama es lo mágico en el hombre, su poder de descubrimiento, de transformación.


Estas partes o funciones del tama llegan a ser, a veces, kami, porque tienen un poder
especial.
 

2. La muerte. Para el shintoísmo no hay fin del mundo, sino una evolución progresiva y sin fin. No hay una palabra que designe a la muerte: en lugar de morirse, el hombre se retira (mi-makaru) o va al cielo al final de su vida, llamado Yomi. Cuando llega la muerte, la parte inferior del alma humana (kuni-mitama) vuelve a la tierra de donde viene; la otra (wake-mitama) va al reino de los cielos, donde se transforma en kami. En ciertas corrientes místicas del shintoísmo se cree que allí el alma se purifica, desarrolla sus posibilidades y trabaja para la mejoría del mundo. Todos los antepasados son kami y hay que venerarlos como tal.

3. La moral. J. Herbert afirma que una característica muy particular del shintoísmo es que no ofrece ningún código moral reconocido, argumento que se ha esgrimido para afirmar que el shintoísmo no tiene carácter de religión, pero ninguna de estas apreciaciones es exacta. Es cierto que cuando el budismo penetró en el Japón llevó su código ético muy minucioso, y se impuso fácilmente en el país. Pero no falta la moral en el shintoísmo, aunque esté menos codificada que en el budismo.
Según el shintoísmo, los hombres son los descendientes de los dioses, por lo tanto tienen que alinearse con el modo de vivir legado por estos divinos antepasados. Los hombres poseen el conocimiento innato, intuitivo, de lo que deben hacer. Además, son numerosas y rigurosas las prescripciones rituales del culto y las actitudes obligatorias que tiene todo japonés, y forman, de hecho, un código sagrado-ético-social valedero. La vía (michi) de los dioses es recta y justa y el japonés no debe apartarse de ella.


3.1 Las virtudes fundamentales.
Lo esencial de la enseñanza del shintoísmo, según la tradición, consiste en las tres virtudes de la honestidad, la benevolencia y la pureza. Estas tres palabras se encontraban grabadas en las armas de los samurai.
Hay también otras virtudes fundamentales en el shintoísmo, que son:

• La pureza del corazón, estado natural del hombre;
• la sinceridad (makoto), que es una toma de conciencia de lo divino,
• una actitud de vivir tan limpia como la superficie de un espejo sagrado, símbolo material muy utilizado en los templos que sirve de soporte para los Kami;
• la paz interior (wa);
• el gozo del corazón (se¡me¡);
• la gratitud para con los Kami, la familia, la sociedad, la patria (kansha);
• la sumisión a la patria divina (kenshin);
• la piedad filial (kókó) para con el emperador y los antepasados.

Además, el código ético de los japoneses condena el adulterio, el robo, la mentira, la cobardía, etc.

3.2 La pureza ritual. Existe además en el shintoísmo un agudo sentido de pureza ritual que aun se conserva. Las principales causas de manchas rituales son el alumbramiento, la menstruación y la muerte. Esto explica por qué en el shintoísmo la mujer está excluida de algunas ceremonias. Los kami se irritan cuando se infringe la moral o la pureza ritual, y pueden entonces castigar a los hombres. Éstos tienen que purificarse interiormente mediante ejercicios de meditación y oraciones (misogi), y corporalmente con baños de agua fría, utilización de la sal (shio), baños de mar y ejercicios de respiración rítmica que practican ciertas sectas místicas japonesas con influencias budistas.
El norito de la gran ceremonia purificatoria ofrece un resumen de las ideas morales de los japoneses de la antigüedad, y también una lista de pecados (muchos contra la agricultura, por ej. romper los diques o rellenar las zanjas de inundación de los campos de arroz; tratar cruelmente a animales domésticos, y otros más generales como el incesto, la bestialidad, etc.).


4. CULTO


4. 1. Lugares. El culto del shintoísmo se practica en templos (honsha) que pueden ser muy grandes o pequeños como una colmena (hokora). Hay más de cien mil templos en las islas de Japón. Los más antiguos y venerados están en sitios a los que se atribuyen acontecimientos mitológicos, o fueron señalados por una visión o un sueño, o porque era necesario adorar allí a un kami de la naturaleza.

4.1.1. Al aire libre. La forma antigua del culto del shintoísmo tenía lugar cerca de un árbol sagrado y el ritual se hacía al aire libre. El recinto sagrado se delimitaba por muros con los tres pórticos característicos japoneses (los torii), pero de origen hindú, y por arroyos que se atraviesan con puentes. Los torii pertenecen al paisaje japonés, y tenían un sentido mágico primitivo y un valor religioso, pues señalaban el paso a un recinto sagrado. Las entradas están decoradas con linternas y esculturas de animales guardianes, habitualmente dos leones de piedra (koma-inu), caballos (shin-ba), pájaros y zorros. Los templos están hecho de madera de ciprés japonés (hinoki) y, a menudo sobre el techo hay vigas cruzadas sin pintar (chigi).


4.1.2. Los templos
. Los templos o honsha tienen tres secciones, una detrás de otra, a veces juntas, a veces separadas: la sala de oración para los fieles, la sala de ofrendas para el clero y el lugar reservado donde reside el kami, llamado honden. También existen otras salas para las representaciones de danzas sacras (el kagesra-den), para la purificación de los fieles (harae-do) y de los sacerdotes (saikan). Las tiras de papel de color (gohei) son ofrendas al kami y significan que el dios está en su templo. El kami reside en el honden, cuyas puertas habitualmente están cerradas, y donde sólo puede entrar el jefe de los sacerdotes.
Desde febrero de 1946 existe la Asociación nacional de los templos shintó, el Jinja-honchó, que tiene su sede en Tokio y una sección en cada prefectura del país. En las estadísticas de 1947, esta asociación tenía bajo su control alrededor de 80.000 templos. Cada templo tiene un grado (shin-kai) dentro de una jerarquía general, que corresponde también a la del kami. La asociación trabaja en colaboración con la universidad del shintoísmo, Kokugakuim.


4.2 Objetos sagrados. Además de residir en la naturaleza, los kami muchas veces habitan en un objeto (mitama-shiro): espadas, espejos, estatuas, cuadros, piedras, que se conservan cuidadosamente. Los sacerdotes tienen que cubrirse la boca con una tela blanca para no manchar el objeto sagrado cuando están frente a él. Durante la Segunda Guerra mundial y cuando los norteamericanos intentaban destruir sistemáticamente los santuarios del shintoísmo por ser símbolos de la resistencia nacional, los mitama-shiro fueron escondidos en grutas, a menudo detrás del honden del templo. Antiguamente, cuando el enemigo amenazaba con arrebatarlos, se los quemaba y las cenizas se echaban al mar.
     
4.3 Clero. Los servidores del culto shintó son numerosos y tienen distintos grados. El censo de 1964 dio una cifra de 21.000 «sacerdotes». Ellos no actúan como guías espirituales o consejeros ni tampoco predican, sino que solamente celebran los servicios divinos. Su papel es adorar a los kami para que protejan y guíen a los hombres y al emperador del Japón, y también pueden celebrar los matrimonios.
Se los llama kannushi, que significa medium a través del cual hablaba el kami, aunque actualmente es más bien un término de cortesía. También se los llama shinshoku, el que sirve al kami. El jefe de un templo es el gúji, cuyo cargo se transmite hereditariamente. En los templos importantes, bajo su autoridad hay subjefes y sacerdotes administradores, los negi. Después vienen los shuten, los jóvenes shusshi, y las jóvenes miko. Hay además otros servidores y músicos.
La formación de los sacerdotes se hace en la universidad sintoísta central, Kokugakuim, o en un centro regional. Los futuros sacerdotes deben seguir una serie de estudios y exámenes y después de su nombramiento conservan sus funciones toda su vida. Viven en el recinto de los templos, pero pueden renunciar y volver al mundo.


El papel de las mujeres. Las mujeres también pueden ejercer funciones de culto, y hay muchas que sirven de medium del kami (takusen), quien dicta su voluntad a través de su boca. También están las miko, vírgenes que llevan una vida monacal bastante severa durante cinco o diez años. Ayudan a los sacerdotes, ejecutan danzas sagradas y sirven de secretarias en el templo. El grado más elevado de todo el clero shintó es el de itsuki-no-miya, princesa virgen de la familia imperial, que está consagrada al kami y sirve de médium. Ella reside en el templo de Isejingú.


4.4 Ritos. El culto shintó es individual o colectivo, y en ambos casos se compone esencialmente de oraciones, ofrendas y purificaciones. Cada etapa importante de la vida del japonés va señalada por una ceremonia shintó, que acude al kami tutelar o protector. Uno de los principales ritos es el matrimonio, que el shintoísmo considera hermoso y lo festeja con música, bebida ritual del sake -licor de arroz- y comida sagrada. El culto individual (kairei) utiliza a menudo la adivinación.
El culto colectivo consiste en las festividades religiosas, llamadas matsuri. El matsuri se compone de una serie de ceremonias en el orden siguiente: purificación, llamada del kami, presentación de ofrendas, danzas, cantos mágicos y oraciones de norito, adivinación, salida del kami y comida de comunión.
Los objetos utilizados en las ceremonias tienen un simbolismo complejo. Los más sagrados son los tres tesoros imperiales (sanslzu-no-shinki): el espejo, la espada y unas joyas. No se conoce la descripción exacta de estos antiguos tesoros nacionales, que hoy en día permanecen escondidos.
La creencia en fuerzas divinas o kami que pueblan el universo ha dado al japonés un sentido muy agudo de comunión de todos los seres, que se refleja en su estética. Las manifestaciones artísticas forman parte de toda ceremonia del shintoísmo, en las que no faltan los arreglos florales, representaciones teatrales, cantos y poesías.
     
EL SHINTOÍSMO HOY
Como vimos antes, el shintoísmo es más una actitud sagrada que una religión, y las diversidades de pensamiento y las múltiples variaciones del ritual confirman este carácter. Hoy en día, se presenta bajo cuatro aspectos:

• El Jinja-shintó es el shintoísmo de todos los japoneses, el de los templos y del culto a los kami;
• El Kóshitu-shintó es el shintoísmo celebrado en la casa del emperador;
• El Kyóha-shintó es el shintoísmo de movimientos religiosos creados por ciertos individuos después de una experiencia personal, social o mística; a veces, en estas sectas sintoístas hay huellas de confucianismo y de budismo;
• Y por fin el Minkan-shintó o shintoísmo. del pueblo, que no tiene organización y estructura dogmática, admitido por el Jinja-shintó, pero no muy grato al shintó oficial.

Actualmente la constitución japonesa garantiza la libertad religiosa, que es estrictamente cumplida. De hecho, cualquier forma de enseñanza religiosa está prohibida en los colegios públicos dado que Japón se considera un estado laico.
Sin embargo, la relación de los japoneses con los templos sintoístas es muy estrecha. Cada templo organiza diversos eventos a lo largo del año con comida, bebida etc. para mantener este vínculo. Las familias suelen concurrir a principio del año para pedir por un buen año, y a nivel individual es común visitar templos para pedir deseos como pasar un examen, salud, amor, etc.

LAS INFLUENCIAS INTERRELIGIOSAS
Desde el siglo V d.C., el taoísmo, el confucianismo y sobre todo el budismo han dejado huellas en el shintoísmo, pero sin llegar a fundirse con él. «Pero lo que sí hemos de reconocer -escribe un autor japonés- es que gracias a la influencia ejercida por las ideas chinas e indias, las sintoístas experimentaron un desarrollo cultural bastante elevado. Los antiguos ideales morales japoneses fueron adquiriendo una nobleza cada vez mayor, la noción sintoísta de Dios se racionalizó cada vez más, ganó en profundidad metafísica y se hizo más estable. Algunos dioses que antiguamente habían sido objeto de intensa veneración (por ej., dioses animales y otros de la naturaleza) perdieron paulatinamente su influencia. La concepción politeísta fue haciéndose progresivamente más vaga y, en cambio, la idea monoteísta de Dios, más evidente y clara. Con el tiempo fue imponiéndose la idea de que la omnipotencia, la omnisciencia, la verdad y la bondad eran propiedades esenciales de la divinidad. El henoteísmo es un síntoma de la natural tendencia monoteísta de las ideas religiosas. Desde la introducción del cristianismo en el siglo XVI, la influencia que en este punto ha ejercido sobre el shintó ha sido muy grande».
  (F. K. Numazawa, o. c. en bibl., 376-377).


Bibliografía consultada
-Shintoísmo, J.Roger Riviére, Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
-Unity of faiths, by J.Jagadeesan, Sathya Sai Central Council of Malasya. 1995.
- Spirit of Brotherhood and Lessons in Unity of faiths, by Susan Caffery, Bala books, 2005.

 

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